
“La receta de ‘no padecer’, era imposible de imaginar hace unos años; sin embargo está hoy en cualquier disciplina: Fue posible hacer un café sin cafeína que no nos ponga nerviosos, y abundan los vinos y cervezas que no marean, las sandías y uvas sin semillas, azúcares sin azúcar o jamón sin colesterol. ¿Por qué esta misma idea no iba a ser extendida sobre otras cosas? Se halla hoy en cualquier avance tecnológico o, más aún, de todas las áreas que, tratan de dejar el cuerpo en paz.... Adelgazar comiendo, tonificar los músculos sin hacer gimnasia, tener hijos sin dolor, vecinos sin ruidos, socios sin compromisos. Y así continúa la oferta según su fantasía… ¿Por qué no extirpar también del amor aquello que hace sufrir y convertirlo en una auténtica fruta de la pasión que no haga daño al estómago ni tampoco al corazón?”.
Estas palabras no son de un cuento de ciencia ficción, son líneas de una nota periodística de un diario español del mes de febrero de 2011. Y sorprende leer el entusiasmo con que el periodista trata de avanzar con las novedades científicas. Dicen algunos que opinaron sobre esta nota: “No es fácil, pero se puede”.
Ahí me pregunto: ¿Puede el amor concebirse sin dolor?
Tengo una mala noticia: No podemos amar sin padecer. Ser amados sin lastimar.
De donde saco semejante idea: En la Biblia, Pablo les escribe sobre el amor a los griegos: En 1 Corintios 13, el texto habla del “amor sufrido” y agrega “que todo lo sufre”, en lenguaje sencillo dice: “El que ama tiene paciencia en todo, y siempre es amable. El que ama no es envidioso, ni se cree más que nadie. No es orgulloso… El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo”. Entonces entiendo que no se puede amar sin sufrir. O Dios miente.
Te amo y ¿no me interesas? O será que no te amo…
Todo se puede construir rápidamente en este siglo. O casi todo: las relaciones siguen siendo de construcción lenta, demandan tiempo y esfuerzo, involucran nuestras emociones y compromiso y con estas emociones de alegría y entusiasmo, de confianza y pasión habrá dolor, algún desengaño y también penas, y errores porque las personas somos así: débiles e imperfectas. Algo egoístas…
Somos preciosos, amables y sonrientes, chispeantes y divertidos; pero no todo el tiempo… lamento decirte. Tener novio/a, hermanos, hijos o ser parte de una familia, de un grupo de amigos, es hermoso, pero también duele. Porque los afectos nos afectan cuando amamos y cuando nos aman. El dolor es la contracara del amor.
Somos seres únicos, especiales y diferentes; allí radica la belleza y el dolor que traemos las personas cuando nos acercamos. Pasamos por un periodo de fascinación, de enamoramiento, pero luego nos mostramos tal cual somos, y nos lastimamos aún sin querer.
¿Qué nada nos duela?
No nos gusta aceptarlo, habrá dolor, pero ya que la vida lo traerá, ¿hay alguien que nos puede enseñar a padecer?: “El varón de dolores, experimentado en quebrantos…”. Sí, te presento a Jesús.
Al dueño del dolor no sabemos reconocerlo. No nos gusta pensar en la cruz, la nuestra; porque esperamos que nada nos duela, nos angustie y nos dé rebeldía; nos creemos acreedores de la felicidad. Y si es instantánea, mejor.
Vida, Descanso, Verdad y Paz
Y en verdad, este Varón de dolores nos promete una Vida Abundante, pero nunca dice que no habrá dolor:
Nos invita a darnos Descanso, porque en algún tramo del camino nos cansaremos. Nos ofrece hallar la Verdad, y eso significa que nos enfrentaremos a mucha mentira. Cuando nos ofrece Paz, afirma la existencia del conflicto y las guerras. Se presenta como Pastor en medio de gente que se pierde y deambula sin destino. Así puedo hacer una larga lista de necesidades que enfrentaremos en esta vida y que nos traen poco o mucho dolor, a las que Jesús se ofrece. Él dio su vida por amor a nosotros, no lo olvidemos.
En resumen, Él da la Paz que sobrepasa nuestro entendimiento, es la Verdad y la Vida, nuestro Pastor y la fuente del verdadero Amor.
Agrego los versos de la carta de Pablo porque son una belleza y completan la idea del verdadero Amor:
“El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad.
Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta... Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor”.
Sin embargo, todos anhelamos el verdadero amor y la buena compañía, y a todos nos duele la soledad. La persona que ama no tiene miedo. Donde hay amor no hay temor. Al contrario, el verdadero amor quita el miedo...
Entonces volvamos a Jesús…
Porque en Jesús hay vida plena, y no es una frase de tarjeta postal, es una realidad para muchas personas: Atrevete a amar, a dar y esperar con paciencia, generosamente y con bondad, sin envidias ni rencores. Es fascinante darse de lleno y ver cómo Dios renueva las fuerzas y las emociones cuando estamos cansados. Él da las oportunidades y los gestos necesarios para construir las relaciones profundas de nuestras vidas con amor aunque puedas sufrir en el camino. Dios es amor. Confiá cuando pases por el tiempo de dolor, Él te consuela y te acompaña.












